Darío Canton | Escritor
Viernes 14 de Diciembre de 2018
 
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Cuestionario de La Infancia del procedimiento
Blog de Selva Dipascuale
25 de octubre de 2007
 

1. Podrías contar detalladamente tus ritos en torno a la escritura: si reconoces momentos del día en los que escribís, épocas del año, con determinada luz, sobre determinado papel, siempre en el mismo lugar
No tengo. Puedo hacerlo a cualquier hora, en cualquier lugar y sobre los papeles que tenga a mano: hojas carta u oficio generalmente dobladas al medio, sobres usados, programas de cine, páginas de calendarios, de avisos en una revista con suficiente espacio en blanco, una bolsa papel madera de una panadería. Nunca uso lápiz, cuyo trazo me resulta débil, efímero. Tampoco máquina de escribir o computadora, aunque me sirven para pasar los textos y corregirlos. Escribo a mano y con birome o marcador.

No me molestan los ruidos normales del ambiente, sea que esté en una gran ciudad, en un pueblo o en el campo; sí las disonancias de los escapes de las motos, el acelerar de los motores o las bruscas arrancadas de conductores nerviosos, las bocinas insistentes, las sirenas, los bombos, las griterías, la música a todo volumen. Me sacan de quicio, de la sintonía conmigo mismo en la que necesito estar para prestar la máxima atención y ser fiel a lo que se me va ocurriendo. Por eso tampoco escucho música y menos cantada: me transmite una carga afectiva, cualquiera que sea, con su ritmo propio, que interfiere con el mío.

2. ¿Escribís "lo que va surgiendo" o solés tener un plan? ¿El plan incluye una investigación, lecturas sobre temas en especial?
Con una excepción, el poema Y2K, hecho por un pedido, he escrito siempre sin deliberación: todo ha sido espontáneo. Pero esto ha dado lugar a dos tipos de trabajos. Primero, los que llamo "orgánicos", en que una idea madre se expande y llega a convertirse en un poema (Corrupción de la naranja) o en un libro (La saga del peronismo, La mesa, Abecedario Médico Canton). Son casos en que hubo un plan, incluso con cambios y trabajo sostenido para llevarlo a fin (tres meses para Corrupción, cuatro para La saga, dos años tanto para La mesa como para el Abecedario).

En segundo lugar, los conjuntos de poemas de temática común (Corrupción de la naranja, Poamorio, Poemas familiares), con la reunión de textos escritos a lo largo de no menos de diez años cada uno. Pertenecen también a esta familia los poemas de Asemal: en su mayoría fueron inicialmente parte de libros nonatos y luego entraron en un rearmado muy planificado que permitió que se fueran amalgamando, sobre la marcha, con nuevos poemas.

3. ¿En cuanto a la corrección , ¿escribís algunos textos y los dejas "descansar" para retomarlos en otro momento? ¿Corregís siempre? ¿Qué significa la corrección para vos?
Son excepcionales los textos que han quedado como salieron. Acompaño un ejemplo manuscrito. La casi totalidad, aún los de pocas líneas, me exigió siempre mucha atención (mirar y mirar, pensar alternativas, ayudarme con diccionarios).

Esa tendencia natural, diría, a ser muy cuidadoso, a pulir y pulir, se ha visto reforzada por otras circunstancias. Por no ser miembro del medio literario, poco o nada publiqué en revistas. Tampoco estuve conectado con otras áreas como un partido político, por ejemplo, que podría haberme ayudado. Ni trabajé en el periodismo o en editoriales, otras vías de acceso y difusión para hacerse conocer. Simplemente tuve una vida profesional, exitosa en alguna medida, acompañada por otra familiar no tan simple. Y a lo largo de ella, mientras la iba viviendo, surgían los poemas, testimonios parciales, mojones de mi recorrido, que debían esperar que pudiera releerlos y pasarlos una y otra vez, ya fuera para presentarme a concursos que no ganaba o para armar libros cuya publicación no siempre se concretaba.

Todo ese ir y venir con mis papeles, constante, a fuego lento, creo que ha sido bueno para ellos: yo, autor, los he acompañado tercamente. Puedo ilustrar con lo que tengo en vías de publicación. La redacción inicial fue entre 1986 y 1989 ( seis tomos). Hice luego intentos varios de publicar algún volumen, lo que conseguí en el año 2000 después de muchas vueltas. Y así he seguido. Con lo que subrayo que la corrección, la reescritura, el rearmado, han sido buena parte de mi trabajo. Favorecidos porque me muevo en el terreno de la poesía, con la que nadie se gana la vida y para la que no hay demanda, y porque he sido, comparativamente hablando, un autor "desconocido", especie de Licenciado Vidriera. Con todo, ahora que la historia empieza a ser distinta y cuando ya no dependo más que de mí, es tarde para cambiar: sigo siendo el mismo obsesivo, escrupuloso corrector. Incluso el que, quizás en más de una oportunidad, se equivoca por exceso de poda o deja de lado buenas imágenes ("tus primeras versiones son a veces más lindas que las otras", he oído).

4. Podrías escribir sobre tu procedimiento de escritura, si reconoces una manera, si la poesía aparece en forma de imágenes o como una música y todo lo que quieras/puedas decir sobre tu vínculo con la poesía.
En el tomo III de De la misma llama ("De plomo y poesía", 1972-1979), se reproduce el que originalmente fue un artículo, "Con las manos en la mesa", que da idea de cómo trabajo (se lo puede leer a través de: www.dariocanton.com). Ese tomo incluye bastantes "cuentos" de poemas y otros escritos sobre poesía que abundan sobre lo mismo. Con un agregado: entre las páginas 225 y 230 aparecen los nombres de los remedios incluidos en la primera redacción y en las tres que siguieron hasta completar el corpus del Abecedario Médico Canton.

Testimonian lo que me "saltó a la vista" en la lectura inicial y lo que advertí en cada una de las posteriores. Algo han de decir sobre el autor y su mundo, aunque no me haya puesto a indagarlo. Son el equivalente aproximado de lo que he leído que se hace al enfrentar a una persona con una página impresa o una pantalla sobre la que algo se proyecta, siguiendo (registrando, grabando) el recorrido de sus ojos (algo similar podría darse con aquellos a quienes se les presentaran libros o diarios para ver en qué orden los leen o de qué manera los recorren).

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