Darío Canton | Escritor
Viernes 14 de Diciembre de 2018
 
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Gracias, Gutenberg!
Con Santiago Vega
Enero de 2001, Año1 Nº1. Publicación de la Casa de la Poesía
 

Diálogo con Darío Canton
"Escribir con la observación de un naturalista"

Darío Canton nació en 9 de julio, Provincia de Buenos Aires, en 1928. Es graduado en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y en Sociología en la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos. Además de La saga del peronismo (1964), publicó Corrupción de la naranja, (1968), Poamorio (1969), La mesa (1972), Poemas familiares (1975), Abecedario Médico Canton (1977). Del año `75 al año `79 distribuyó una especie de revista-telegrama por entregas llamada Asemal y en mayo del 2000 sale a las librerías La Historia de Asemal y sus lectores, editorial Mondadori. De parte de esta historia literaria y de sus libros en particular nos habla en este reportaje el propio Canton, uno de los escritores más singulares de la literatura argentina y menos difundido. Lectores de ¡Gracias Gutenberg! paren la oreja, pues tiene la palabra un tipo que, como el Romi (i.e. Román Riquelme), la mueve.

En 1961 yo estaba estudiando en Berkeley, Estados Unidos y un día, era un 25 de mayo, que allá naturalmente no era feriado, fui a la universidad y vi en el campus, o sea un lugar muy abierto con pasto, entre los distintos edificios de las distintas Facultades, a un montón de estudiantes que iban y venían, algunos estaban sentados allí, todos con sus libros, generalmente en zapatillas, vestidos muy informales. Vi llegar a un grupo de obreros, yo no sé si llegaban con los camiones, a lo mejor esto de los camiones lo invento, pero llegaba un grupo de obreros allí y el contraste entre esos obreros norteamericanos que iban a hacer no sé qué arreglo o reparación, en ese lugar, con los estudiantes que estaban allí, a mí me recordó lo que había visto cuando la llegada del peronismo, en 1944, `45, y más señaladamente el 17 de octubre. Porque ese día yo era un adolescente que vivía en el centro de la ciudad y vi toda la movilización que hubo hacia la Plaza de Mayo y la gente en las calles y todo lo demás. En ese momento me acordé de todo lo que había vivido bastantes años antes y tuve la idea de hacer un poema. Empecé anotando dos o tres de las partes. Hice una narración, una reconstrucción de cómo trabajé con eso, pero digamos el impacto inicial, el relámpago que a mí me llevó años atrás en la memoria se me dio ese día y entonces anoté algunas cosas, creo que vinculadas con el 17 de octubre inicial, y no me acuerdo qué otro momento definitorio de ese período, supe que tenía el germen de un trabajo bastante completo.

Me puse a pensar cuáles serían las partes que tendría eso. Y así empecé a trabajar. Yo tenía como compañeros en el lugar en el que vivía, porque estaba en una residencia estudiantil, otra gente argentina que estaba conmigo allí, estudiando y había también un muchacho nicaragüense haciendo un doctorado, que daba la casualidad que había estado en Buenos Aires cuando el período peronista. Hablé con todos ellos para ver de qué se acordaban si uno mencionaba la palabra peronismo o pensaban en las presidencias de Perón. Y ahí creí darme cuenta de que mi memoria funcionaba bien, me había acordado de lo que me parecía más importante de esos años dejando de lado todo lo anecdótico.

Es un libro que levantó mucho polvo, muchas polémicas, lo que yo le quiero preguntar es si es un libro peronista o antiperonista.
Yo creo que no es peronista, de hecho cuando era estudiante milité en el antiperonismo, en ese entonces en la universidad no había peronistas y el manejo que el peronismo hizo de la cuestión cultural y universitaria me parece que fue un mal manejo realmente, que no favoreció la difusión de esa orientación política, por así decir. Sé que el libro para la gente que me conocía fue una sorpresa, se suponía que alguien como yo, con mi militancia estudiantil, no era la persona adecuada para escribir ese texto.

Antes de La Saga... usted ya escribía poesía...
Sí, yo empecé a escribir por el año `50. Ya tenía más de diez años de trabajar. La Saga del peronismo es mi primer trabajo orgánico. De entrada tuve bastante claro qué era lo que quería hacer.

Una vez que sale el.libro, la gente, los lectores, la crítica, ¿cómo se manifestó ante él?
Yo no tuve mucha repercusión, sé que alguna gente del medio universitario se sintió muy molesta, otros se extrañaron. Tampoco hubo comentarios bibliográficos.

Usted ya tenía libros de sociología publicados.
No, yo empecé publicando esto.

¿Después le sigue Poamorio?
No. La Saga salió en el `64 y después le sigue Corrupción de la naranja, en el `68.

Cuénteme cómo lo edita.
Había un editor que sólo publicaba cosas de poesía que se llamaba Juan Carlos Cícero, que tenía ediciones interesantes de buenos poetas de distintas literaturas. En un momento dado tuvo la iniciativa de hacer una colección con poetas argentinos. Yo llegué a él por sugerencia de Girri. Le dejé el libro y al tiempo me llamó, me dijo que le había gustado y que lo iba a publicar.

¿Con Corrupción de la naranja también tuvo la idea de hacer el libro o fue surgiendo espontáneamente?
A diferencia del libro anterior, que gira alrededor de una idea central, Corrupción de la naranja es más bien una recopilación de textos con una temática común, diría. Pero de textos que se fueron escribiendo a través de los años. O sea, mientras que La Saga del peronismo fue una idea muy definida que me llevó cuatro meses concretar, cuatro meses muy duros, el caso de Corrupción de la naranja es como el de Poamorio, como los Poemas familiares. Textos que se van escribiendo a lo largo de los años, que uno descubre que tienen una temática común o se pueden agrupar con unas características determinadas. Entonces uno los reúne. Originalmente, el libro se iba a llamar Personajes y otros poemas, porque yo tenía una serie de no menos de 15, 20 poemas vinculados con personajes. Después, en determinado momento, cuando seguí pensando el libro, me pareció que lo de los personajes lo podía dejar de lado, quizá hacerlo parte de un libro en sí mismo, y entonces con el resto de los poemas encabezados por Corrupción de la naranja hice el libro.

Es un poema medio raro para la época.
Sí, puede ser.

En esa época nace toda esa corriente objetivista. Acá, digamos, fue uno de los primeros poemas objetivistas. Tal vez Girri, tendría algunos.
No sé si de ese tipo, me parece que no. Esto era más como la observación de un naturalista.

Ese poema en qué año lo escribió.
Es del año 63, me llevó más o menos, unos dos, tres meses, porque realmente lo que describe el poema es lo que yo fui registrando a lo largo de varias semanas.

Después aparece La Mesa.
Antes que La mesa aparece Poamorio, también con el mismo sello de Ediciones del mediodía. Y también eran textos que se habían escrito a lo largo de años.

Son poemas todos así, de amor, eróticos.
Sí, exactamente.

Después sale La mesa.
La mesa sale en el `72, había sido escrita mientras iban saliendo estos dos libros; empiezo a escribir La mesa a mediados del `67 y termino a mediados del `69 y después me pasé bastante tiempo intentando publicarla.

Cómo nace la idea de La mesa, este tratado poeti-lógico.
La mesa es también otro texto orgánico, como La Saga del peronismo y como después lo va a ser el Abecedario Médico Canton. Yo lo llamo orgánico por provenir de una única semilla que da lugar a un desarrollo, a una planta o a un libro-planta, por así decir. La mesa surge de un sueño: una noche que me voy a acostar y al rato me despierto diciéndome unas líneas sobre la mesa, prendo el velador y las empiezo a anotar, a pesar de que me resulta algo muy extraño. Y son las líneas con las que empieza el texto. Lo que anoto inicialmente en dos horas son unas 150 líneas. Yo tengo el manuscrito todavía. Es otra vez, como en el caso del peronismo antes, el germen de algo que después desarrollo a lo largo de los años. La estructura básica del poema, por así decir, se me dio de entrada.

¿Por qué decide publicarlo sin nombre?
En esa época algunas de las cosas que leía, y algunos de los críticos que también leía, se centraban mucho en la importancia del texto mucho más que en la del autor, entonces me pareció que yo podía también remar en esa dirección y simplemente ofrecer un texto así para ver si se leía independientemente de quien lo hubiera hecho. Por otra parte no es una idea mía, ya muchos años antes Juan Ramón Jiménez había propuesto hacer una revista en la que la gente colaborara sin poner su nombre, no sé si la revista se iba a llamar Anonimato.

¿Cuáles fueron las peripecias para publicar La mesa?
La ofrecí en más de un lugar pero mi apuesta más importante fue con Siglo XXI, en México, que no hacía mucho que existía y difundía muy bien sus cosas y era una editorial muy importante, en la que estaba Orfila Reynal a quien yo había conocido en la Argentina, cuando vino a fines de la década del `50 para ayudar al lanzamiento de Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires). Después cuando tuve La mesa lista se la mandé a él, en México, y pasó un tiempo y como un año después él vino acá para lanzar Siglo XXI de Argentina y me dijo que había dejado el libro en manos de la gente de acá de Siglo XXI, pasaron varios meses y la gente decidió que lo iba a publicar, fue una edición muy económica, un pequeño librito de una colección mínima. Así que creo que no les debe haber representado un gran gasto. El libro ya tenía una evaluación favorable hecha en México, de esto me enteré bastante después, la había hecho Gabriel Zaid, o sea que Orfila lo había consultado a Zaid, y Zaid recomendó la publicación. Esto es a fines del año `71. Y el libro sale a mediados del `72.

Después aparecen los Poemas familiares.
Con Poemas familiares también tuve otra azarosa experiencia de ésas que rodean en muchos casos a los libros de poesía, pienso, quizás también a otros no necesariamente de poesía. En el año `73, cuando empieza a trabajar un grupo de gente para lanzar la revista Crisis, me llaman a mí como una persona que trabaja en sociología para consultarme sobre el tema medios de comunicación de masas, y en la reunión a la que voy me encuentro con una vieja compañera de la Facultad de Filosofía que era Julia Constenla, "Chiquita" Constenla, y bueno estoy con ella, charlamos, en fin... Después se me ocurrió llevarle un libro de poemas que yo tenía prácticamente terminado, que eran estos Poemas familiares que había ido reuniendo a lo largo de bastantes años. El tema de la revista se concretó y comenzó a tener su regularidad y además la revista tuvo su editorial. Y entonces Constenla me llamó y me dijo que leyó el libro y le había gustado mucho y decidieron que lo iban a publicar.

Lo que le quería preguntar es, ¿Poemas familiares es una continuación de Poamorio?
No. Según el momento que aparece uno podría pensar eso, pero de hecho la mayoría de los Poemas familiares deben haber sido hechos antes que los de Poamorio.

Entonces, ¿Por qué salen primero los de Poamorio?
No se si lo que voy a decir es la verdad, es lo que se me ocurre ahora: sospecho que el hecho de que los Poemas familiares estaban relacionados con los afectos más cercanos míos, más personales, naturalmente que los de amor también, pero quiero decir que me parece que con la familia de uno el compromiso era mayor, sospecho que eso tuvo algo que ver con el que lo dejara un poco para más adelante. Pero no se.

¿Usted escribe mucho, Darío?
En otra época escribía bastante, ahora más bien estoy en reescribir, reelaborar una serie de materiales que tengo, también escribo algo pero menos, y además me doy más tiempo para publicar y para hacer.

¿Es de corregir mucho?
Sí, soy de revisar mucho las cosas.

Cuénteme de Asemal.
Cuando me estaban por sacar los Poemas familiares yo tenía también material para publicar tres o cuatro libros más y me pareció muy claro que no había ninguna posibilidad de lograr editarlos y se me ocurrió la hoja Asemal como manera de ventilar lo que tenía.

¿Los poemas que usted va publicando en ese tentempié de poesía, como usted puso en la hoja, estaban armados como libro o eran poemas sueltos?
No, estaban armados como libros, por lo menos lo que salen en los primeros tiempos de la hoja, eran parte de libros. Yo tenía tres libros armados y con esos tres libros armados salieron los primeros números de Asemal.

¿Tenían título esos libros?
Sí, uno creo que se llamaba Anatonuestra, que es el título de un poema que no alcancé a publicar todavía. Otro se llamaba Puntos cardinales y no me acuerdo si había otro.

¿Cómo nace Asemal?, a la gente le interesa eso.
Bueno, yo tenía esas carpetas de poemas con 50, 60 poemas cada una. Cuando yo vi que la distribución que había hecho de las carpetas no había tenido mucho éxito, en términos de que la gente amiga hubiera leído, entonces eso significaba que difícilmente iba a encontrar lectores. Si gente más cercana a mí, que de algún modo tenía un mínimo compromiso, no era capaz de leer o porque no tenía tiempo o por la época en que se vivía o yo qué sé por qué, entonces me iba a ser mucho más difícil publicar eso tal cual estaba y además que la gente lo consiguiera o lo comprara o lo leyera. Entonces se me ocurrió concretar la idea de mandar algún poema suelto por correo a algunas personas amigas y eso sí tuvo buen resultado, quiero decir: la gente agradeció, se dio cuenta, leyó, tomó nota de lo que había recibido. Y se me ocurrió que podía hacer eso en gran escala.

Cuénteme su relación con sus libros, es decir le cambiaría alguna cosa ahora a la distancia, se siente cómodo o con algunos está arrepentido de haberlos publicado.
No, yo creo que podría reexaminar cosas, líneas, palabras, pero en general, como casi todas las cosas que he publicado tienen muchos años detrás, son cosas que he mirado bastante, entonces no hay muchas improvisaciones de las que tenga que arrepentirme. Además yo comencé a publicar muy grande, mi primer libro lo publiqué cuando tenía 36 años. Supongo que se me podrá reprochar que mis elecciones o decisiones en cuanto a palabras no han sido buenas, pero no que no hayan sido muy pensadas o revisadas, miradas y remiradas.

Larguemos un poco los libros, nunca le pregunté esto, volvamos a la pasión de multitudes ¿le gusta el fútbol?
(Risas) Sí, me gusta el fútbol. Ya no es más pasión para mí, pero he jugado al fútbol, he ido a la cancha y lo he usado al fútbol en algo de lo que he escrito.

¿En algún libro?
En La saga aparece Perón jugando a la pelota. Yo me acuerdo muy bien, hay una foto, después del `55, después de la quema de algunas iglesias, un grupo de muchachones, digamos, que habían hecho eso, en alguna iglesia, posando como si fueran un equipo de fútbol. Por eso digo que el tema del fútbol para mí ha sido algo presente no sólo porque fui espectador, hincha, sino porque se hallaba en otras instancias de la vida argentina.

Cuando se sienta a escribir un poema, ¿qué es lo que usted desea de esta actividad, del arte de escribir poesía? Digo, porque es medio raro, ¿no?, que una persona se siente a escribir poesía. No es normal.
(Risas). Canton recuerda, entonces, un dibujo de Oski con dos esgrimistas en una pedana. Uno de ellos, con un terrible mandoble, acaba de rebanar a su adversario. Se lo ve claramente porque el cuerpo está separado en dos pedazos a la altura de la cintura. El afectado grita, simplemente, "¡Touché!" –tocado, en francés. Nuevas risas, más amplias. Telón)

 
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